Hundimientos en Celaya: las fallas urbanas y la sobreexplotación del acuífero del Valle

Celaya, Gto., a 12 de agosto de 2025.- En los últimos años la tierra bajo Celaya ha dejado de ser firme: grietas que atraviesan calles y viviendas, hundimientos diferenciales y socavones son ya parte del paisaje urbano y rural. Especialistas y documentos oficiales coinciden en un diagnóstico central: la extracción excesiva de agua subterránea del acuífero Valle de Celaya está ligada a la aparición y activación de fallas y al progresivo hundimiento del suelo.

La cantidad de agua subterránea extraída del acuífero de Celaya es de 317.1 millones de metros cúbicos, según datos de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA). Este acuífero, identificado con la clave 1115, es uno de los más importantes en la región y está ubicado en el Valle de Celaya. El acuífero Valle de Celaya es parte de la Región Hidrológica VIII Lerma-Santiago-Pacífico , donde se delimitaron 128 acuíferos, de los cuales 32 están en uso y 12 sobreexplotados, según datos de el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA). La sobreexplotación del acuífero Valle de Celaya ha generado problemas como el agotamiento de manantiales, aumento en la profundidad de los pozos y costos de bombeo, así como hundimientos en el centro de Celaya. 

En el estado de Guanajuato, la extracción de agua subterránea para diferentes usos representa el 54.72% del total. El acuífero Valle de Celaya es una fuente importante de agua para la región, pero su sobreexplotación requiere medidas para garantizar su sostenibilidad. 

Estudios hidrogeológicos y mediciones con sensores satelitales muestran abatimientos en la región que van desde centímetros por año hasta concentraciones mucho mayores en puntos localizados. Investigaciones académicas que analizan la evolución piezométrica y la tectónica local identifican al menos seis fallas urbanas que han mostrado desplazamientos y asentamientos diferenciales en la ciudad; el Atlas de Riesgos municipal reporta además varias fallas que atraviesan zonas urbanas y rurales, lo que aumenta el riesgo para infraestructura y población.

Las cifras sobre la extracción y la sobreexplotación varían según la metodología, pero todas apuntan a un problema estructural. Análisis publicados estiman una sobreexplotación del acuífero Valle de Celaya en decenas o cientos de millones de metros cúbicos acumulados —mientras medios locales han reportado impactos que incluyen hundimientos localizados de varios centímetros hasta metros en sitios puntuales—. Ese déficit hídrico se traduce en pozos que requieren mayor profundidad y energía, pérdida de capacidad de almacenamiento del acuífero y la formación de cavidades subterráneas que pueden colapsar.

Las consecuencias ya son visibles en el patrimonio y la vida diaria: viviendas con grietas, calles deformadas, daños a redes de agua y drenaje, y en algunos casos imposibilidad de abastecer comunidades. Autoridades municipales y organismos operadores del agua han documentado decenas de inmuebles afectados y han intervenido reparaciones puntuales, pero los expertos advierten que las medidas reactivas no resolverán el origen del problema si no se actúa sobre el manejo integral del recurso subterráneo.

¿Qué pasó para llegar aquí? El valle de Celaya se asienta sobre depósitos aluviales con intercalaciones volcánicas y está controlado por lineamientos tectónicos regionales; la extracción intensiva de agua reduce la presión de poro en esos sedimentos, los granos se compactan y el terreno se asienta. A esto se suman usos agrícolas e industriales de gran demanda hídrica, extracción ilegal de agua y, en algunos episodios, lluvias intensas que agravan la estabilidad del suelo. La investigación multidisciplinaria sugiere que la subsidencia en Celaya es el resultado combinado de factores hidrogeológicos y neotectónicos.

¿Qué se puede hacer? Los especialistas recomiendan —y algunos instrumentos de gestión lo plantean— medidas integradas: reducir extracciones no reguladas; imponer cuotas y prioridades de uso (protegiendo abastos urbanos); promover recarga artificial de acuíferos (infiltración dirigida de pluviales y aguas tratadas); controlar la perforación de nuevos pozos y mejorar la eficiencia en riego agrícola e industria. Además, es urgente un monitoreo continuo con estaciones piezométricas y técnicas InSAR (satélite) para mapear subsidencia y fallas, y planes de ordenamiento territorial que eviten la expansión de zonas habitadas sobre sectores de riesgo. La toma de decisiones exige coordinación entre municipio, estado, CONAGUA y usuarios.

Sin duda alguna el disponer de aguas superficiales que paulatinamente vayan sustituyendo la extracción imprime importancia al poder disponer en el futuro de volumen importante del proyecto del Acueducto Presa Solís-León, clave para garantizar el suministro de agua potable a varios municipios del corredor industrial de Guanajuato, incluyendo Celaya. Este proyecto busca extraer agua de la presa Solís y distribuirla a través de un acueducto de aproximadamente 200 kilómetros hacia León, Irapuato, Salamanca, Silao y Celaya. Celaya, por su parte, se está preparando para recibir esta agua, realizando inversiones en obras complementarias como redes de distribución y conexiones, incluyendo la elaboración de proyectos de ingeniería básica y la evaluación de un posible préstamo para financiar estas obras. 

El proyecto consiste en la extracción de 119.91 millones de metros cúbicos de agua al año de la presa Solís, ubicada en Acámbaro. El agua será conducida a través de un acueducto que abarcará aproximadamente 200 kilómetros, beneficiando a los municipios mencionados. Se estima una inversión total de 15 mil millones de pesos, con la mitad siendo financiada por el gobierno estatal, y el resto por los municipios y la federación. 

La historia de Celaya frente al agua es también una historia económica: la productividad agrícola y la industria local dependen del suministro, pero el modelo actual ha agotado un capital natural. Evitar que las grietas y socavones se vuelvan colapsos mayores requiere cambiar prácticas de extracción y planear la ciudad y el campo con la limitación del recurso como punto central. Mientras tanto, las familias que ven sus casas resquebrajarse piden respuestas y acciones con plazos y recursos claros. La solución existe en la combinación de ciencia, regulación y voluntad política; la urgencia es que se aplique antes de que el subsuelo cobre más costos humanos y materiales.

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