A PIONEROS EN MECÁNICA CUÁNTICA EL PREMIO NOBEL DE FÍSICA 2025

Estocolmo, Swe., 9 de octubre de 2025 — En un anuncio que marca un nuevo hito en la historia de la física, la Real Academia Sueca de las Ciencias otorgó hoy el Premio Nobel de Física 2025 a John Clarke, Michel H. Devoret y John M. Martinis “por el descubrimiento del túnel cuántico macroscópico y la cuantización de la energía en un circuito eléctrico”.

Durante décadas, los fenómenos cuánticos habían sido relegados a escalas microscópicas: electrones, átomos, partículas fundamentales. Una de las grandes preguntas de la física era si estos efectos podrían manifestarse en sistemas macroscópicos, es decir, lo suficientemente grandes como para ser manejados o utilizarse en dispositivos reales.

Clarke, Devoret y Martinis respondieron esa pregunta con experimentos realizados desde los años ochenta, en los que demostraron que un circuito superconductivo — diseñado especialmente con una “unión de Josephson” (dos superconductores separados por una fina barrera aislante)— podía exhibir un efecto llamado túnel cuántico macroscópico: el circuito podía escapar de un estado estable cruzando una barrera energética, no por un impulso clásico sino por efecto de la mecánica cuántica. Además, mostraron que el sistema podía absorber o emitir energía en “paquetes” discretos (cuantización).

De esta manera, los laureados demostraron que los principios de la mecánica cuántica — tales como la superposición, el entrelazamiento, el efecto túnel — no estaban confinados a lo infinitesimal, sino que podían integrarse en circuitos diseñados con precisión, acercando lo teórico a lo tecnológico.

John Clarke es profesor emérito en la Universidad de California, Berkeley. Fue uno de los pioneros en el uso de dispositivos superconductores sensibles para detectar señales mínimas, como pequeños cambios magnéticos.

Michel H. Devoret, nacido en París (1953), ha sido investigador en la Universidad de Yale y la Universidad de California, Santa Bárbara. Actualmente colabora con Google en hardware cuántico.

John M. Martinis, con grado de doctorado en Berkeley, ha estado vinculado a la Universidad de California, Santa Bárbara, y ha liderado desarrollos tecnológicos en el ámbito cuántico.

En sus declaraciones tras el anuncio, Devoret reconoció que recibir el Nobel por una investigación iniciada hace décadas le pareció casi una broma: “el computador cuántico aún no está aquí”. Pero su trabajo y el de sus colegas han sido fundamentales para sentar las bases tecnológicas que hoy se exploran con entusiasmo: sensores súper precisos, nuevos esquemas de computación cuántica y dispositivos en la frontera entre lo clásico y lo cuántico.

Este Nobel es más que un homenaje personal: celebra el avance del “puente cuántico”, que permite que la abstracción de la mecánica cuántica se conecte con dispositivos reales. En palabras de algunos comentaristas, abre caminos para que tecnologías cuánticas — hasta ahora en fases experimentales — transiten hacia aplicaciones prácticas.

Sin embargo, queda mucho por hacer. Si bien ya existen prototipos de computadoras cuánticas, éstas están lejos de reemplazar a las computadoras tradicionales en todas las tareas. Los problemas de decoherencia (pérdida de información cuántica) y de escalabilidad siguen siendo retos clave.

Además, el reconocimiento subraya la importancia de la investigación básica —esa que no siempre promete resultados inmediatos— como semilla para tecnologías futuras. Muchos de los avances por venir podrían derivarse de descubrimientos que hoy parecen puramente teóricos.

En Estados Unidos, los medios destacaron que los tres laureados están vinculados a universidades de ese país, reforzando su liderazgo en ciencia cuántica. Google, donde Devoret funge como científico clave en hardware cuántico, celebró el reconocimiento como un respaldo a sus esfuerzos en este campo. En círculos académicos, varios reconocen que este galardón puede actuar como catalizador para nuevas inversiones en investigación cuántica, mayor colaboración entre institutos y más interés estudiantil en física fundamental.

El Nobel de Física 2025 no solo distingue a tres investigadores destacados, sino que simboliza un salto conceptual: lo cuántico ya no debe verse como el reino exclusivo de lo diminuto, sino como una dimensión que —bien controlada— puede integrarse con dispositivos reales. En ese sentido, su trabajo abre una nueva era para la tecnología: una era donde lo cuántico y lo clásico pueden coexistir y complementarse.

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