Celaya, Gto., a 1 de noviembre de 2025.- La Cruz Roja Mexicana, Delegación Celaya, celebró su 75 aniversario el 30 de octubre de 2025, con el reconocimiento público a una fuerza humana que hoy suma 160 integrantes organizados en 14 coordinaciones —desde socorros y capacitación hasta juventudes y servicios médicos—, prueba de que el voluntariado celayense ha crecido y se ha profesionalizado al ritmo de la ciudad.
La historia local arrancó el 30 de octubre de 1950, cuando un puñado de celayenses formalizó la presencia de la Benemérita en el municipio. En sus inicios, los traslados se hacían con camillas de lona y madera; una década después llegaron las primeras dos ambulancias: una donada por el Comité Internacional/estructura nacional y otra por Beatriz Velasco de Alemán, esposa del presidente en turno. Testimonios recientes recuerdan además el liderazgo de Rafael Molina en la primera etapa organizativa, acompañado en esta gran obra por Raúl Barrón, Trinidad Valenzuela, Luis Usabiaga, Gustavo Almeida, José Chaurand, Eduardo Cárdenas y Arturo Nieto Piña; los socorristas eran coordinador por Agustín Maldonado que cedió su paso a Jorge Irigoyen y posteriormente ya con el cargo de comandante José Socorro Mancera

El primer domicilio fue Hidalgo 507 (1950–15 de diciembre de 1961). Después la delegación ocupó otra casa en la misma calle por tres años y, más tarde, un local construido sobre un mercado ejidal en Jaime Nunó y Sóstenes Rocha, en el barrio de la Resurrección (1961–1983). Ese año se concretó la tercera mudanza al edificio que continúa siendo la casa operativa de la institución.
En 1973, durante inundaciones en la región, las y los socorristas participaron en el rescate de personas y en la atención a damnificados, experiencia que marcaría el perfil de respuesta ante desastres de la delegación; su profesionalización se fortalecería con la explosión de 1999, que provocó bajas y múltiples heridos en sus colaboradores y las posteriores inundaciones e incendios. Con el tiempo, la Cruz Roja de Celaya sumó atención prehospitalaria, capacitación a empresas y ciudadanía, así como brigadas comunitarias en salud.

El paso de “apagar incendios” a gestionar riesgos se refleja hoy en su estructura: 14 coordinaciones y un cuerpo robusto de personal voluntario y operativo. Esta arquitectura interna permite sostener guardias, cursos y campañas —como ferias de salud, donación y prevención—, y estandarizar protocolos que ya dialogan con esquemas estatales y nacionales.
Hace cinco años, al cumplir 70, la delegación reportaba 141 voluntarios activos y 11 coordinaciones; la cifra actual de 160 y 14 coordinaciones retrata el salto de escala y la capacidad de atraer y retener talento joven —especialmente de Juventud Cruz Roja— con formación continua y servicio social con sentido.
Como en muchas delegaciones del país, el financiamiento ha oscilado entre colectas, donativos empresariales y convenios de capacitación. Estudios académicos sobre la Cruz Roja en Celaya han señalado históricamente retos de infraestructura y sede digna, lo que explica la insistencia institucional por modernizar base, parque vehicular y equipamiento.

La cronología local —1950: llegada; 1960: primeras ambulancias; 1973: inundaciones; 1983: sede actual, explosión 1999, inundacion 2003— funciona como mapa de la relación entre ciudad e institución: cada hito nació de una necesidad pública y de una respuesta comunitaria organizada. La celebración de 2025 es, así, menos un acto ceremonial que un corte de caja de capacidades instaladas para los próximos riesgos.

75 años después: lo que significa “estar”
En el aniversario, la delegación subrayó que “estar” no es solo atender urgencias: es prevenir, educar y acompañar. Talleres, simulacros, brigadas y campañas de salud acercan la Cruz Roja a colonias, escuelas y empresas, mientras la coordinación con autoridades y hospitales reduce tiempos de respuesta y mejora los desenlaces para pacientes.
Celaya ha cambiado de tamaño, de actividad económica y de riesgos. La Cruz Roja también. De una camilla de lona a una flota con personal capacitado; de casas prestadas a una sede con historia; de gestos aislados a protocolos. Setenta y cinco años enseñan una lección simple: las ciudades más resilientes son las que convierten la solidaridad en método.

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