Celaya, Gto., a 22 de enero de 2026 .- En pleno corazón del ciclo Otoño-Invierno, el campo de Guanajuato atraviesa un enero inusual: episodios de lluvias “tempraneras”, el paso continuo de frentes fríos y madrugadas con temperaturas capaces de detonar heladas han encendido alertas en zonas agrícolas, sobre todo donde el trigo y la cebada avanzan en etapas sensibles y donde las hortalizas quedan expuestas a quemaduras por frío. La combinación —humedad + descenso térmico— es el peor escenario: el agua que cae o se condensa puede “engarzar” (congelarse) durante la noche y dañar tejidos de la planta.
Un Boletín Hidroclimatológico al 21 de enero de 2026, elaborado con datos de la red agroclimática estatal, reporta que el promedio de lluvia en lo que va del mes es de 12 mm, comparado con 3.7 mm al mismo corte de 2025; además, ubica el promedio histórico de enero en 12.5 mm. En el mismo reporte aparecen registros puntuales por estación: por ejemplo, Celaya reporta 7.4 mm en el listado de precipitación.
Aunque en términos absolutos no se trata de un temporal, productores y técnicos advierten que en enero “cada milímetro cuenta”: la humedad en superficie y el cielo cubierto durante el día pueden desembocar en noches más frías y en heladas radiativas en parcelas abiertas, especialmente en valles y zonas altas.

El impacto agrícola no depende solo de una “máxima agradable”, sino de lo que ocurre antes del amanecer. En días recientes, reportes periodísticos basados en pronósticos oficiales han advertido temperaturas nocturnas de -5 a -10°C, pero en general las mínimas que se regristran en la parte central de Guanjuato oscilan entre 4 y 9°C en escenarios de “tormenta invernal” para el estado, con riesgo de heladas severas en áreas rurales.
A escala nacional, el paso de frentes fríos también ha incluido a Guanajuato dentro de las zonas donde pueden presentarse temperaturas bajo cero en regiones altas, en el marco de los sistemas frontales que cruzan el centro del país.
En Guanajuato, el calendario agrícola coloca al trigo y la cebada como protagonistas del invierno. Especialistas citados en cobertura agroalimentaria han subrayado que las heladas de enero–febrero pueden ser críticas porque, cuando coincide con fases reproductivas, una helada puede afectar la floración y, con ello, el llenado de grano.
En hortalizas y forrajes, el daño puede expresarse como “quemado” de hojas, detención del crecimiento o pérdidas por pudrición si el frío llega después de la humedad.
A la par del riesgo, el gobierno estatal ha insistido en medidas de cobertura: en Guanajuato se ha informado de esquemas de aseguramiento para enfrentar contingencias por heladas; incluso, en días recientes se reportó que, pese a las bajas temperaturas, no se tenían aún afectaciones generalizadas en siembras del ciclo Otoño-Invierno, con superficies protegidas por seguros.

Para los próximos días (22 al 28 de enero), el pronóstico urbano muestra tardes templadas y madrugadas frescas, con mínimas que rondan 6 a 10°C en varias cabeceras municipales; por ejemplo:
- Celaya: mínimas cercanas a 6–9°C y máximas alrededor de 24–26°C.
- León: mínimas alrededor de 8–10°C, con máximas de 22–27°C.
- Irapuato: mínimas cercanas a 7–10°C, máximas de 25–28°C.
Este contraste explica un punto clave: en ciudad puede no “parecer” invierno extremo, pero en parcelas abiertas, comunidades rurales y zonas serranas el enfriamiento nocturno puede intensificarse y alcanzar rangos de helada, como los advertidos por Protección Civil.

La señal de fondo es que el invierno no ha terminado. En Guanajuato se ha difundido que la temporada 2025-2026 contempla decenas de frentes fríos a nivel nacional, con varios más por ingresar y posibilidad de que el ambiente frío se prolongue hacia los siguientes meses.
En el campo, el daño suele llegar en forma de “golpe”: un descenso brusco después de humedad, nubosidad o llovizna. Por eso, técnicos recomiendan acciones inmediatas cuando se anuncian mínimas críticas: protección de tuberías y sistemas de riego, resguardo de animales, monitoreo nocturno en puntos bajos del terreno y comunicación constante con reportes agroclimáticos locales.

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