Por: Helena Kóvacs. Guanajuato, Gto., a 23 de enero de 2026.- El Foro Económico Mundial de Davos 2026 (19 al 23 de enero, en Davos-Klosters) se presentó bajo el lema “A Spirit of Dialogue”, un llamado, en apariencia clásico, a recomponer puentes en un planeta fracturado. Pero el ambiente fue otro: no se discutió el orden global como un marco estable, sino como un tablero móvil donde la economía ya no es “el terreno neutral” y la geopolítica dejó de ser un “riesgo externo”. Davos se pareció menos a una cumbre sobre globalización y más a una sesión intensiva sobre geo-economía: la política convertida en arancel, subsidio, veto tecnológico, control de datos, sanción financiera y narrativa.

Trump en Davos: la potencia vuelve a hablar en “modo palanca”
La presencia y el discurso de Donald Trump funcionaron como el eje gravitacional del encuentro: no sólo por su estilo, sino por lo que simboliza en 2026: la idea de que el poder se ejerce sin pedir permiso al consenso. La propia crónica de Reuters resume el clima: Davos fue “dominado” por Trump y por la incertidumbre que su administración proyecta sobre aliados, mercados y conflictos.
En su intervención en Davos (21 de enero), Trump insistió en una narrativa de “milagro económico” y defendió la mezcla que define su señal geopolítica: proteccionismo + presión bilateral + energía fósil + control migratorio. También afirmó que no usaría la fuerza en sus intentos de “adquirir” Groenlandia, un episodio que, aun si retórico, tensó la línea roja de la soberanía territorial en Europa. En términos de orden mundial, esto importa menos por la literalidad del reclamo y más por el mensaje: la potencia se reserva el derecho de redibujar límites —reales o funcionales— cuando conviene a sus intereses.
Groenlandia como síntoma: la alianza atlántica entra a “modo contingencia”
El capítulo Groenlandia operó como metáfora perfecta del nuevo momento: las disputas territoriales vuelven al centro, y con ellas el dilema europeo de siempre (unidad lenta vs. respuesta rápida). Reuters reportó que, en Davos, funcionarios y líderes europeos hablaron abiertamente de la necesidad de actuar con mayor velocidad ante la próxima crisis, tras el golpe a la confianza transatlántica.
Lo relevante aquí no es sólo Europa. Es la idea de que la interdependencia ya no garantiza cooperación: puede transformarse en vulnerabilidad. Y eso acelera una tendencia que Davos dejó clara: el mundo se rearma institucionalmente (mecanismos anti-coerción, re-shoring, friend-shoring, controles a inversión, compras públicas estratégicas), no como excepción, sino como nueva normalidad.

“Armas económicas”: del libre comercio a la seguridad económica
En Davos 2026 se habló de comercio, pero con un vocabulario distinto: resiliencia, seguridad, soberanía tecnológica, cadenas críticas. Reuters describió cómo las amenazas arancelarias ligadas al pulso político intensificaron la ansiedad empresarial por “estabilidad, predictibilidad y Estado de derecho”, y empujaron argumentos para diversificar comercio lejos de un EE.UU. más proteccionista.
Aquí se dibuja una pieza central del “nuevo orden”: el paso de la globalización optimista a una globalización condicionada por la rivalidad. No es desglobalización total: es fragmentación administrada. Los flujos siguen, pero más caros, más redundantes y más politizados.

IA: la promesa de productividad y el miedo al “tsunami” laboral
Si la geopolítica fue el telón, la inteligencia artificial fue el motor narrativo. La jefa del FMI, Kristalina Georgieva, advirtió en Davos sobre un “tsunami” de impactos en el empleo: según investigación citada por el propio FMI, 60% de los trabajos en economías avanzadas y 40% a nivel global se verían transformados o desplazados por la IA, con un golpe particular a jóvenes y empleos de entrada.
Esto empalma con la otra gran conversación de Davos: la legitimidad social. La pregunta de fondo ya no es “¿cuánta productividad traerá la IA?”, sino “¿quién captura las ganancias y quién paga la transición?”. En un mundo de desigualdad alta, el salto tecnológico se convierte en combustible político —y, por tanto, en factor geopolítico.

Energía y defensa: dos industrias que regresan al centro del mapa
Otro mensaje fuerte del foro fue el “rebote” del tema energético hacia posiciones más duras. Reuters reportó el retorno de “Big Oil” al ánimo de Davos, en paralelo a señales de política estadounidense menos favorable a renovables, y a un debate marcado por demanda energética creciente (incluida la de centros de datos para IA).
En defensa ocurrió algo parecido: el alivio por la afirmación de Trump de que no habría solución militar sobre Groenlandia convivió con el reconocimiento de que el gasto en seguridad y capacidades estratégicas seguirá subiendo. En el nuevo orden, la frontera entre economía civil y economía de seguridad se vuelve borrosa: chips, energía, satélites, datos y logística ya son infraestructura de poder.

¿Qué orden nuevo asoma desde Davos?
Davos 2026 no “anunció” un nuevo orden; lo delató. A partir de lo visto y dicho esta semana, se distinguen cinco rasgos:
- Multipolaridad áspera: menos árbitros aceptados, más choques de intereses, más zonas grises.
- Geo-economía estructural: comercio e inversión como herramientas de presión, no sólo de eficiencia.
- Competencia tecnológica como doctrina: IA, chips, datos y energía como ventajas estratégicas, no sólo industriales.
- Re-armado institucional y regional: Europa buscando velocidad; “potencias medias” buscando coaliciones funcionales; reglas más fragmentadas.
- Política interior como variable global: la transición tecnológica y la desigualdad alimentan polarización; la polarización redefine política exterior.
En este marco, la frase “nuevo orden mundial” deja de sonar a consigna y se vuelve descripción operativa: un sistema menos universal y más transaccional, donde la confianza es un recurso escaso y la cooperación ocurre por necesidad puntual, no por fe en reglas compartidas.
Implicaciones para México, y por extensión a Guanajuato:
Para México, Davos 2026 sugiere un ambiente externo con tres presiones simultáneas:
- Mayor volatilidad comercial por el uso político de aranceles y acuerdos.
- Carrera por atraer inversión “segura” (nearshoring), pero con exigencias más duras: contenido regional, trazabilidad, energía competitiva y certidumbre regulatoria.
- Choque IA-empleo: si el “tsunami” descrito por el FMI pega primero en trabajos de entrada, el reto es reconvertir habilidades rápido o el bono demográfico se vuelve vulnerabilidad.
La paradoja es clara: en un mundo que se fragmenta, México puede ganar centralidad productiva; pero en un mundo que se politiza, esa centralidad exige estrategia de Estado, no sólo ventajas geográficas.

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