Celaya, Gto., a 14 de agosto de 2026.- El regreso del tren de pasajeros a Celaya comienza a dejar de ser una promesa para convertirse en una de las obras de infraestructura que mayor impacto tendrá sobre la movilidad y la configuración urbana de la ciudad.
El proyecto ferroviario Querétaro-Irapuato contempla una estación en Celaya y forma parte de la estrategia federal para recuperar el transporte ferroviario de pasajeros en distintas regiones del país.
De acuerdo con la información oficial del proyecto, la ruta Querétaro-Irapuato tendrá una longitud de 108.2 kilómetros y contempla estaciones o paraderos en Querétaro, Apaseo el Grande, Celaya, Villagrán-Cortazar, Salamanca e Irapuato. La vía será doble y tendrá una velocidad máxima de diseño de hasta 200 kilómetros por hora.
La llegada del tren representa para Celaya una oportunidad largamente esperada: contar nuevamente con un sistema de transporte ferroviario de pasajeros que permita conectar a la ciudad con otros municipios del Bajío y, particularmente, con Querétaro e Irapuato.
Una nueva alternativa para la movilidad
Uno de los principales argumentos a favor del proyecto es precisamente la movilidad regional.
Celaya se encuentra en una posición estratégica dentro del Bajío, pero su crecimiento urbano y económico ha provocado una creciente presión sobre las principales vialidades. Miles de personas se desplazan diariamente entre Celaya, Apaseo el Grande, Villagrán, Cortazar, Salamanca, Irapuato y Querétaro por razones laborales, educativas, comerciales y de servicios.
El tren podría convertirse en una alternativa al automóvil particular y al transporte foráneo por carretera, especialmente para quienes realizan viajes cotidianos entre estas ciudades.
El Gobierno federal estima que el Tren Querétaro-Irapuato beneficiará a más de dos millones de personas y generará cerca de 10 mil empleos durante su construcción.
Sin embargo, el verdadero impacto dependerá de un factor fundamental: qué tan bien se integre la estación con el sistema de movilidad urbana de Celaya.
Un tren rápido puede reducir considerablemente los tiempos de traslado entre ciudades, pero si los usuarios tienen dificultades para llegar a la estación, estacionar sus vehículos, utilizar transporte público o desplazarse a sus centros de trabajo y estudio, parte de sus beneficios podrían diluirse.

El punto más delicado: atravesar la ciudad
Aquí aparece uno de los aspectos más controvertidos del proyecto: El tren no solamente llegará a Celaya sino que atravesará una parte importante de la zona urbana, específicamente por la parte central de la mancha urbana.
El proyecto contempla que el tren ingrese a la ciudad por el oriente, llegue a la estación ubicada en la zona de la antigua estación ferroviaria y posteriormente continúe mediante una estructura subterránea y un viaducto hacia el poniente. El municipio ha señalado que Celaya será particularmente compleja desde el punto de vista constructivo porque el tren tendrá tramos a nivel, subterráneos y elevados.
La solución planteada incluye un tramo de aproximadamente 2.3 kilómetros en falso túnel, con el propósito de evitar conflictos con importantes cruces viales como avenida Tecnológico, Ramos Millán, Santos Degollado, Abasolo, Francisco Juárez, avenida El Sauz y Camino a San José de Guanajuato. Sobre la estructura se contempla incluso desarrollar un parque lineal.
La propuesta busca evitar que el tren se convierta en una nueva barrera física dentro de la ciudad. Pero precisamente ahí se encuentra una de las grandes preguntas que genera el proyecto: ¿será suficiente la infraestructura prevista para garantizar una movilidad fluida durante y después de la obra?
La controversia no es el tren, sino cómo atravesará Celaya
Buena parte de la discusión pública no se centra en si Celaya necesita o no un tren de pasajeros. El debate está relacionado con el trazo, las obras complementarias, los cruces viales, las afectaciones durante la construcción y la integración urbana.
Durante años, la presencia del ferrocarril de carga en la zona urbana ha generado problemas de movilidad, particularmente por los cierres de vialidades y la convivencia entre el tránsito ferroviario y los vehículos.
Precisamente por ello, el libramiento ferroviario cobra especial relevancia.
El municipio informó en febrero de 2026 que el libramiento ferroviario sur tenía un avance aproximado de 80 por ciento y que su conclusión permitiría sacar de la ciudad el tránsito de trenes de carga.
La coincidencia entre ambas obras es fundamental. La ciudad podría pasar de tener un ferrocarril de carga que genera interrupciones y conflictos viales a contar con una infraestructura ferroviaria dedicada al transporte de pasajeros, con soluciones a desnivel diseñadas específicamente para reducir las interferencias con las vialidades.

El riesgo de cambiar un problema por otro
Pero también existe una preocupación legítima.
Si el tren de pasajeros no se acompaña de una planeación integral, Celaya podría enfrentar nuevos problemas alrededor de la estación: congestionamientos, falta de estacionamiento, saturación de transporte público, cruces peatonales insuficientes y concentración de automóviles en las vialidades cercanas.
Por ello, la discusión debería ir más allá de la construcción de las vías.
La ciudad necesita definir cómo llegarán los pasajeros a la estación y cómo saldrán de ella.
Esto implica fortalecer rutas de transporte público, crear conexiones seguras para peatones y ciclistas, ordenar taxis y transporte privado, prever estacionamientos estratégicos y diseñar una red de movilidad que permita que el tren funcione como parte de un sistema y no como una infraestructura aislada.
Una oportunidad para recuperar el centro
Existe, además, una oportunidad urbana que podría resultar incluso más importante que el propio tren.
La estación se proyecta en la zona de la antigua estación ferroviaria, un espacio con enorme significado histórico para Celaya. La transformación de este sector podría convertirse en un detonador de regeneración urbana.
Si se acompaña de inversión pública y privada, la estación podría favorecer nuevos comercios, servicios, vivienda, espacios públicos y actividades económicas.
El reto será evitar que el desarrollo se produzca únicamente alrededor del automóvil.
Una estación ferroviaria moderna debería convertirse en un nodo de movilidad, conectado con transporte público, espacios peatonales, bicicletas y otros medios de traslado.
La gran pregunta: ¿beneficio regional o problema local?
El tren tiene una enorme capacidad para transformar la relación de Celaya con el resto del Bajío.
El proyecto oficial plantea una red que conectará ciudades que actualmente mantienen una intensa relación económica y laboral. La propia estrategia federal contempla el desarrollo del transporte ferroviario de pasajeros como una alternativa interurbana de gran escala.
Para Celaya, esto podría significar mayor conectividad, nuevas oportunidades económicas y una alternativa para miles de personas que diariamente utilizan las carreteras.
Pero el beneficio regional tendrá que convivir con los intereses de quienes viven en las zonas por donde pasará la infraestructura.
Por eso, la controversia debe entenderse no necesariamente como una oposición al tren, sino como una exigencia ciudadana para que la obra se realice con la menor afectación posible y con una visión de ciudad a largo plazo.
Celaya ante una decisión histórica
El tren de pasajeros puede convertirse en uno de los proyectos urbanos más importantes de Celaya en décadas.
La ciudad tiene ante sí la posibilidad de recuperar su vocación ferroviaria, pero ahora con un propósito distinto: utilizar el ferrocarril no solamente para transportar mercancías, sino también para conectar personas.
El desafío será lograr que la modernización ferroviaria no genere nuevas divisiones dentro de la ciudad.
La pregunta ya no es solamente si Celaya quiere un tren de pasajeros. La verdadera pregunta es qué ciudad quiere construir alrededor de él.
Si la obra se acompaña de planeación urbana, transporte público eficiente, soluciones viales, infraestructura peatonal y ciclista y una adecuada integración con el libramiento ferroviario, el tren puede convertirse en un catalizador del desarrollo regional.
Si, por el contrario, se limita a construir vías y una estación sin resolver integralmente la movilidad urbana, el proyecto podría generar nuevos puntos de conflicto.
Celaya se encuentra, por tanto, ante una oportunidad histórica: hacer del regreso del tren de pasajeros una solución de movilidad y no simplemente una nueva infraestructura que atraviese la ciudad.
Y en esa diferencia estará, probablemente, el verdadero éxito o fracaso del proyecto.

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