Irapuato, Gto., a 24 de agosto de 2026. — La imposición de una cuota antidumping a la fresa mexicana encendió las alertas en el campo guanajuatense. Aunque no existe, hasta ahora, una cancelación general de las exportaciones de lechuga de Guanajuato hacia Estados Unidos, la posibilidad de nuevas barreras comerciales representa un riesgo para una agroindustria cuya producción depende en buena medida del mercado estadounidense.
El campo guanajuatense enfrenta un nuevo escenario de incertidumbre comercial ante las medidas que Estados Unidos ha comenzado a aplicar a productos agrícolas mexicanos. El caso más reciente es el de la fresa, después de que el Departamento de Comercio estadounidense determinara preliminarmente la existencia de dumping en las exportaciones mexicanas de esta fruta durante la temporada invernal.
La medida contempla márgenes antidumping que, de acuerdo con la Secretaría de Economía de México, podrían afectar a los exportadores mexicanos y, de confirmarse, golpearían a cerca de 5 mil productores de fresa en el país, 97 por ciento de ellos pequeños y medianos productores. El Gobierno mexicano también señala que alrededor de 151 mil personas dependen de manera directa de este cultivo.
Para Guanajuato, la preocupación adquiere una dimensión especial. La entidad forma parte del corredor agroindustrial que abastece al mercado estadounidense con productos frescos y ha construido durante años una importante infraestructura de producción, empaque, refrigeración, transporte y comercialización.

La fresa, el primer foco rojo
La resolución estadounidense establece de manera preliminar cuotas antidumping que van aproximadamente de 3.37 a 5.28 por ciento, con un promedio de 4.83 por ciento para la mayoría de las empresas exportadoras. La determinación todavía forma parte de un procedimiento que no equivale a una prohibición de importar fresas mexicanas, pero sí incrementa el costo y la incertidumbre para quienes participan en la cadena exportadora.
El problema no se limita al porcentaje del gravamen. En productos perecederos, como la fresa, cualquier incremento en costos puede repercutir rápidamente en toda la cadena: productor, empacador, transportista, comercializador y consumidor.
Si el importador estadounidense traslada el costo hacia atrás, el productor mexicano podría recibir un menor precio por su cosecha. Si, por el contrario, el costo se traslada al consumidor, la fruta mexicana podría perder competitividad frente a otros proveedores.
A ello se suma el riesgo de que una medida inicialmente dirigida a la fresa pueda convertirse en un precedente para otras frutas y hortalizas mexicanas, precisamente en un momento de tensión comercial y de revisión del T-MEC.

Guanajuato y la importancia de la lechuga
La situación de la lechuga merece un análisis diferente. Hasta el momento no se observa una cancelación general de las exportaciones de lechuga guanajuatense hacia Estados Unidos, pero la elevada concentración del mercado hace que cualquier nueva barrera comercial sea motivo de preocupación.
Los datos de Data México muestran la magnitud de esta actividad. En 2024, Guanajuato registró alrededor de 239 millones de dólares en exportaciones de lechugas y achicorias frescas o refrigeradas, colocándose como la principal entidad exportadora de México en este rubro. Estados Unidos fue, además, el principal destino comercial, con aproximadamente 466 millones de dólares de exportaciones mexicanas de esta categoría.
En el segundo trimestre de 2026, Guanajuato concentró aproximadamente 67.2 millones de dólares de las exportaciones mexicanas de lechugas y achicorias frescas o refrigeradas, dentro de un total nacional de 114 millones de dólares.
Estas cifras muestran que la entidad tiene mucho que perder si el acceso al mercado estadounidense se encarece o se restringe.
¿Qué ocurriría si se cancelaran las exportaciones?
Una eventual suspensión, restricción o imposición de aranceles elevados a estos productos tendría efectos que irían mucho más allá de las empresas exportadoras.
El primer impacto sería sobre los precios pagados al productor. Cuando una parte importante de la cosecha está destinada al extranjero y el acceso a ese mercado se dificulta, aumenta la oferta disponible en México. En un producto perecedero, esto puede provocar una caída abrupta de precios.
El segundo efecto sería sobre el empleo rural. La producción de fresa y hortalizas requiere trabajadores para siembra, mantenimiento, cosecha, selección, empaque y transporte. Una reducción de las exportaciones podría traducirse en menos jornadas laborales y menores ingresos para numerosas familias.
El tercer impacto recaería sobre los empaques y empresas agroindustriales, que dependen de volúmenes constantes para mantener sus operaciones. Una reducción de pedidos podría afectar también a transportistas, proveedores de insumos, sistemas de refrigeración y servicios logísticos.
Finalmente, habría un efecto financiero. Los productores que han realizado inversiones en tecnificación, riego, infraestructura de protección, refrigeración o certificaciones para atender el mercado estadounidense podrían enfrentar dificultades para recuperar esas inversiones.

El riesgo de depender de un solo mercado
El episodio también pone sobre la mesa una asignatura pendiente para la agroindustria guanajuatense: diversificar mercados.
Estados Unidos es, por cercanía geográfica, infraestructura logística y capacidad de consumo, un destino natural para los productos frescos mexicanos. Sin embargo, una dependencia excesiva significa que cualquier cambio en las políticas comerciales estadounidenses puede repercutir directamente en las comunidades productoras.
La propia evolución reciente de las exportaciones de alimentos frescos de Guanajuato confirma la importancia de este sector. De enero a mayo de 2026, las exportaciones de alimentos frescos de la entidad crecieron 10.9 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior, de acuerdo con información de la Coordinadora de Fomento al Comercio Exterior de Guanajuato.
El reto, por lo tanto, no consiste únicamente en defender el acceso al mercado estadounidense, sino también en buscar compradores alternativos en Canadá, Europa, Asia y otros mercados latinoamericanos.
Productores, ante un escenario de incertidumbre
Para los agricultores guanajuatenses, la principal preocupación es que las decisiones comerciales se traduzcan en una menor rentabilidad precisamente cuando los costos de producción —agua, energía, fertilizantes, mano de obra, transporte, empaques y refrigeración— siguen representando una presión importante.
En el caso de la fresa, la resolución estadounidense todavía es preliminar y el Gobierno de México ha manifestado su desacuerdo con la determinación, por considerar que la investigación utiliza criterios que alteran la naturaleza del procedimiento antidumping.
Por ello, hablar de una cancelación de las exportaciones de fresa o lechuga de Guanajuato sería, por ahora, impreciso. El escenario real es de mayor riesgo comercial, especialmente para la fresa, mientras que en la lechuga la preocupación está relacionada con la enorme dependencia del mercado estadounidense y con la posibilidad de que futuras medidas amplíen las restricciones a otros productos.
Una amenaza que también puede convertirse en oportunidad
La coyuntura obliga a Guanajuato a fortalecer su estrategia agroexportadora. La defensa jurídica y diplomática del acceso al mercado estadounidense deberá acompañarse de políticas para aumentar la productividad, mejorar la calidad, reducir costos logísticos, incorporar tecnología y abrir nuevos destinos.
Para los productores, la diversificación puede convertirse en una herramienta de protección. Para el Gobierno estatal y federal, el desafío será facilitar certificaciones, promoción comercial, infraestructura logística y mecanismos de financiamiento que permitan a las empresas explorar nuevos mercados sin abandonar el estadounidense.
La fresa y la lechuga representan mucho más que dos productos agrícolas: son parte de una cadena económica que genera empleo, inversión y actividad en numerosas comunidades de Guanajuato.
Por ello, cualquier arancel, cuota antidumping o eventual restricción comercial no debe analizarse únicamente como un problema de comercio exterior. En el campo guanajuatense, una barrera en la frontera puede terminar convirtiéndose en menores ingresos para el productor, menos empleo rural y pérdidas para toda una cadena productiva.
El desafío inmediato será evitar que la incertidumbre se convierta en una crisis y, al mismo tiempo, aprovecharla como una llamada de atención para que Guanajuato fortalezca su posición como potencia agroalimentaria, con mayor diversificación de mercados y menor vulnerabilidad frente a las decisiones comerciales de un solo país.

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