Celaya, Gto., a 1 de octubre de 2026 .— A las primeras horas de este 1 de octubre de 2026, nuevamente las calles de Celaya se convirtieron en punto de partida de una de las expresiones religiosas y populares más arraigadas de la región: la Peregrinación de los Guadalupanos de a Pie del Bajío al Tepeyac, que inició su recorrido desde la Catedral de Celaya con destino a la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México.
La jornada comenzó con la tradicional Misa de Buen Viaje, antes de que los peregrinos emprendieran el largo caminar que durante aproximadamente diez días los llevará por distintos municipios de Guanajuato, Querétaro y el Estado de México hasta llegar al Cerro del Tepeyac.
La peregrinación varonil forma parte de una tradición que se remonta a 1953, por lo que en 2026 alcanza 73 años de historia. En los últimos años, el contingente ha reunido a miles de hombres provenientes de Celaya y de los municipios que integran la Diócesis de Celaya. En 2025, por ejemplo, cerca de 3 mil peregrinos partieron de la Catedral para realizar el recorrido.

Una tradición nacida en 1953
La historia de esta peregrinación está estrechamente ligada a la devoción guadalupana del Bajío. De acuerdo con testimonios recogidos en años recientes, la tradición comenzó en 1953, cuando grupos de fieles comenzaron a organizarse para realizar a pie el recorrido desde Celaya hasta el Tepeyac, siendo Cura de la Parroquía de Celaya y encabezando esta iniciativa el Pbro. Dn. Rafael Lemus Diaz Barriga.
Uno de los principales referentes históricos de esta tradición es Guadalupe Guillén y el Pbro. Félix Yáñez, quien durante décadas ha participado y colaborado en la organización del caminar. En 2022 relataba que la peregrinación se había convertido en una actividad que involucraba no solamente a Celaya, sino a comunidades y parroquias de los distintos municipios de la Diócesis.
Con el paso de los años, el recorrido dejó de ser solamente una manifestación individual de devoción para convertirse en una auténtica movilización comunitaria, con grupos identificados mediante estandartes, servicios médicos, alimentación, transporte de equipaje, vehículos de apoyo y acompañamiento religioso.
La importancia de esta tradición también se explica por la propia estructura de la Diócesis de Celaya, que comprende municipios como Celaya, Apaseo el Alto, Apaseo el Grande, Cortazar, Villagrán, Juventino Rosas, Comonfort, San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, San Diego de la Unión y San Luis de la Paz.

El camino como expresión de fe
Más que un recorrido físico, para los participantes el caminar hacia el Tepeyac representa un acto de fe, agradecimiento y cumplimiento de promesas personales.
Durante los aproximadamente diez días de trayecto, los peregrinos avanzan en grupo, participan en celebraciones eucarísticas y mantienen espacios de oración. El cansancio, las ampollas, el frío, la lluvia y las largas jornadas forman parte de una experiencia que los participantes asumen como parte de su ofrenda a la Virgen de Guadalupe.
En 2025, el recorrido volvió a mostrar esa dimensión comunitaria: los peregrinos partieron de Celaya el 1 de octubre y llegaron a la Basílica de Guadalupe el día 10, acompañados en distintos momentos por familiares y por el obispo de Celaya, Víctor Alejandro Aguilar Ledesma.
Una organización que requiere cientos de manos
La peregrinación no sería posible únicamente con la voluntad de quienes caminan. Detrás del contingente existe una estructura de organización que durante meses prepara aspectos fundamentales para garantizar el desarrollo del recorrido.
Entre las tareas se encuentran la atención médica, ambulancias, alimentación, transporte de equipaje —conocido tradicionalmente como servicio de maleteros—, vehículos de apoyo, lugares para pernoctar, celebración de misas y coordinación de los diferentes grupos que se incorporan al trayecto.
En años recientes, la organización ha estado vinculada a la agrupación denominada Peregrinos Guadalupanos de a Pie del Bajío al Tepeyac. En 2025 se identificó a David Oliveros como presidente de la directiva, acompañado por Rafael Perón, secretario; Carlos Villanueva, tesorero; y los vocales Luis Velázquez e Isidro Zárate.
Para esta edición de 2026, la organización vuelve a apoyarse en esta estructura de peregrinos y coordinadores, además del acompañamiento pastoral de la Diócesis de Celaya y del obispo Víctor Alejandro Aguilar Ledesma. La logística involucra también a familiares, comunidades de origen y grupos de apoyo que se incorporan a lo largo de la ruta.

De Celaya al Tepeyac
El primer tramo del recorrido lleva a los peregrinos por territorio guanajuatense rumbo a Querétaro. En ediciones anteriores, la ruta ha contemplado puntos como Apaseo el Grande y Apaseo el Alto, para posteriormente internarse en territorio queretano y continuar hacia el Estado de México.
Uno de los momentos especiales del recorrido ocurre en Chapa de Mota, donde tradicionalmente se reúnen familiares y simpatizantes de los peregrinos. En años anteriores, el obispo de Celaya se ha incorporado al contingente en ese punto para celebrar la Eucaristía y acompañar espiritualmente a los caminantes.
Después vienen poblaciones del Estado de México como Villa del Carbón y otras comunidades antes de alcanzar la zona metropolitana de la Ciudad de México y, finalmente, la Basílica de Guadalupe.
Una tradición que une generaciones
Uno de los rasgos más significativos de la peregrinación es su capacidad para transmitirse de padres a hijos. Hay participantes que comenzaron a caminar siendo niños y que, décadas después, continúan recorriendo la misma ruta.
En 2025, por ejemplo, se documentó el caso de peregrinos con más de cuatro y hasta cinco décadas de participación. Para ellos, el camino representa también una forma de conservar una tradición familiar y comunitaria.
La tradición tampoco se limita a la peregrinación varonil. La Diócesis de Celaya mantiene también una peregrinación femenil al Tepeyac, que durante décadas ha congregado a mujeres de diferentes municipios y comunidades de la región. En agosto de 2026, alrededor de cinco mil peregrinas participaron en el recorrido femenil, lo que muestra la dimensión regional que ha adquirido la devoción guadalupana.

El Tepeyac como destino y símbolo
La historia de las peregrinaciones al Tepeyac es mucho más antigua que la tradición celayense. De acuerdo con la historiografía guadalupana, las primeras peregrinaciones comenzaron desde el siglo XVI, después de la tradición de las apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego y de la colocación de la imagen en la primera ermita construida en el Tepeyac.
Para los celayenses, sin embargo, el significado particular está en haber convertido esa devoción en un camino anual que une a comunidades enteras del Bajío.
Este 1 de octubre, nuevamente las mochilas, los estandartes, las imágenes de la Virgen de Guadalupe y los pasos de miles de peregrinos comenzaron a avanzar desde Celaya.
Durante diez días, la ciudad estará presente en cada oración, cada canto y cada kilómetro recorrido hasta alcanzar la Basílica de Guadalupe.
Porque para quienes participan, el Tepeyac no solamente es el lugar de llegada: es el destino de una promesa, de una tradición familiar y de una expresión colectiva de fe que, después de más de siete décadas, continúa caminando desde el corazón del Bajío.

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