2 DE OCTUBRE… NO SE OLVIDA

Por: Dr. Laurencio Covarrubias C.

Hay fechas que pertenecen al calendario y otras que pertenecen a la conciencia colectiva. En México, el 2 de octubre de 1968 pertenece a esta segunda categoría. Han transcurrido 58 años desde aquella tarde en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco y, sin embargo, la frase “2 de octubre no se olvida” continúa recorriendo calles, universidades, plazas públicas y generaciones.

No se trata únicamente de recordar una tragedia. El significado de la consigna está relacionado con la exigencia de preservar la memoria de un movimiento que cuestionó el autoritarismo político, reclamó libertades democráticas y terminó enfrentándose con la fuerza del Estado.

El propio Archivo General de la Nación reconoce que “¡2 de octubre no se olvida!” se convirtió en un grito contra la impunidad, el olvido y la amnesia colectiva, mientras que la documentación oficial conservada en los archivos permite reconstruir parte de lo ocurrido.

El México que llegó a 1968

Para entender Tlatelolco es necesario mirar el México anterior a aquella tarde. El país vivía bajo un sistema político dominado por el Partido Revolucionario Institucional y caracterizado por una fuerte concentración del poder presidencial. El gobierno encabezado por Gustavo Díaz Ordaz, presidente de México entre 1964 y 1970, consideraba las movilizaciones sociales y políticas como una amenaza al orden establecido.

El movimiento estudiantil surgió a finales de julio de 1968, después de enfrentamientos entre estudiantes y policías y de la intervención de los cuerpos de granaderos. Lo que comenzó como una protesta localizada rápidamente se convirtió en una movilización nacional que involucró principalmente a estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN), además de otras instituciones educativas y sectores sociales.

El INEHRM señala que el movimiento pasó de ser una protesta contra la represión policiaca a una expresión política que reclamaba libertades y democracia frente a un sistema autoritario. Y esa transformación resulta fundamental para comprender 1968: los jóvenes no solamente protestaban por un conflicto entre escuelas. El movimiento colocó sobre la mesa una discusión mucho más profunda acerca de la relación entre sociedad y poder.

El Consejo Nacional de Huelga

Uno de los elementos fundamentales de aquella movilización fue la creación del Consejo Nacional de Huelga (CNH), órgano de coordinación que permitió articular a representantes de distintas escuelas.

Entre los personajes más destacados estuvieron Gilberto Guevara Niebla, Raúl Álvarez Garín, Luis González de Alba, Marcelino Perelló y Sócrates Amado Campos Lemus, además de numerosos representantes de las escuelas de la UNAM, el IPN y otras instituciones.

No se trataba de una organización vertical con un solo dirigente. Precisamente una de sus características fue su estructura colegiada y la participación de representantes estudiantiles. Guevara Niebla, uno de los integrantes más visibles del CNH, posteriormente describió al 68 mexicano como un movimiento fundamentalmente político y destacó su importancia en la transformación de la ciudadanía mexicana.

Entre sus demandas se encontraban la libertad de los presos políticos; la derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal, relacionados con el llamado delito de disolución social; la desaparición del cuerpo de granaderos; la destitución de mandos policiales y militares señalados por la represión; indemnizaciones para familiares de muertos y heridos, y el deslinde de responsabilidades por los actos represivos, es decir, el pliego petitorio planteaba una discusión sobre libertad, seguridad, justicia y responsabilidad del Estado.

La respuesta del gobierno

La respuesta gubernamental fue endureciéndose conforme crecía el movimiento: el 18 de septiembre de 1968, el Ejército ocupó Ciudad Universitaria. Posteriormente fueron intervenidos otros centros educativos. El Archivo General de la Nación documenta la ocupación militar de la Universidad y las detenciones realizadas durante aquellos operativos.

El 13 de septiembre, antes de la ocupación de Ciudad Universitaria, los estudiantes habían protagonizado la célebre Marcha del Silencio, una demostración masiva que buscaba mostrar que el movimiento no pretendía provocar violencia y que sus participantes podían movilizarse de manera disciplinada y pacífica.

Pero mientras los estudiantes buscaban mantener la movilización, el gobierno interpretaba el conflicto desde una perspectiva de seguridad nacional. En el contexto de la Guerra Fría, las autoridades llegaron a presentar el movimiento como parte de una supuesta conspiración de carácter comunista. Ahí aparece una de las claves del 68: una parte importante de la sociedad veía una exigencia democrática; el gobierno veía una amenaza al orden político.

Los personajes del poder

El principal personaje político fue Gustavo Díaz Ordaz, presidente de México. Bajo su administración se produjo la respuesta estatal que culminó en Tlatelolco. A su lado se encontraba Luis Echeverría Álvarez, entonces secretario de Gobernación y una de las figuras centrales del aparato político federal. Otro personaje importante fue Adolfo Corona del Rosal, jefe del Departamento del Distrito Federal, responsable político de la capital.

En el ámbito militar destacó el secretario de la Defensa Nacional, Marcelino García Barragán, mientras que diversos mandos militares y policiales participaron en las operaciones desarrolladas durante el conflicto. También aparece en las investigaciones históricas el general Luis Gutiérrez Oropeza, entonces jefe del Estado Mayor Presidencial. Una investigación publicada por el Archivo General de la Nación ha estudiado específicamente su papel en los acontecimientos del 2 de octubre.

La existencia de estos personajes no significa que todos hayan tenido el mismo grado de participación ni la misma responsabilidad. Precisamente uno de los problemas históricos pendientes ha sido establecer con precisión las cadenas de mando, las decisiones adoptadas y las responsabilidades individuales.

Tlatelolco: 2 de octubre

La tarde del 2 de octubre de 1968, miles de personas se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas; el CNH había convocado originalmente a una concentración que posteriormente derivaría en una marcha hacia el Casco de Santo Tomás. Sin embargo, durante el propio mitin se decidió suspender la marcha para evitar una confrontación con el Ejército. La concentración se desarrollaba cuando aparecieron señales luminosas en el cielo y comenzaron los disparos.

Lo que siguió fue una enorme confusión: el Ejército se encontraba desplegado alrededor de la plaza y miembros del Batallón Olimpia, vestidos de civil y con un distintivo blanco, participaron en el operativo destinado a detener a dirigentes del movimiento. El Archivo General de la Nación identifica la operación como Operación Galeana y documenta la participación de fuerzas militares y de seguridad. La plaza se transformó en cuestión de minutos, hubo disparos, persecuciones, detenciones y personas que intentaron refugiarse en los edificios de la Unidad Habitacional Tlatelolco.

El número exacto de muertos continúa siendo objeto de debate histórico. Las estimaciones han variado considerablemente y no existe una cifra única aceptada por todas las investigaciones. Lo que sí está documentado es la existencia de muertos, heridos, detenidos y víctimas de una operación represiva de grandes dimensiones.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos reconoce la matanza de Tlatelolco como una violación de derechos humanos y señala la necesidad de preservar la documentación que permita reconstruir los hechos.

La noche que cambió la relación entre sociedad y gobierno

Tlatelolco no solamente terminó con una concentración estudiantil…. terminó con la ilusión de que el conflicto podía resolverse mediante el diálogo. Después del 2 de octubre fueron detenidos numerosos estudiantes y dirigentes. Entre ellos estuvo Luis González de Alba, representante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM ante el CNH, quien fue encarcelado en Lecumberri y posteriormente escribió Los días y los años.

El movimiento comenzó a perder capacidad de movilización hasta que el CNH levantó la huelga el 21 de noviembre de 1968, pero si el gobierno consiguió terminar con la movilización inmediata, no consiguió terminar con su significado.

Ese es uno de los grandes dilemas históricos de 1968.

¿Qué significa “2 de octubre no se olvida”?

La frase no nació simplemente como una conmemoración, es ante todo, una consigna de memoria. Cuando se grita “2 de octubre no se olvida”, se está diciendo que una sociedad no debe borrar de su memoria los acontecimientos en los que las instituciones del Estado utilizaron la fuerza contra ciudadanos.

Pero también significa algo más profundo: recordar que el movimiento de 1968 no comenzó en Tlatelolco, si se recuerda únicamente la matanza, existe el riesgo de convertir el 68 en una fecha de muerte y no en el movimiento social que la precedió: Hubo asambleas, brigadas, marchas, propaganda, discusiones políticas, organización estudiantil y participación ciudadana; Hubo jóvenes que descubrieron que podían discutir públicamente el poder; Hubo una generación que empezó a cuestionar el silencio político de la época.

Por eso, recordar el 2 de octubre implica también recordar el 13 de septiembre, el pliego petitorio, el Consejo Nacional de Huelga y las movilizaciones de miles de estudiantes.

La memoria frente al silencio

Durante años, la versión oficial de los acontecimientos fue cuestionada por periodistas, estudiantes, familiares, académicos y sobrevivientes.

La apertura progresiva de los archivos permitió posteriormente conocer nuevos documentos y contrastar testimonios.

El Archivo General de la Nación conserva fondos de la Dirección Federal de Seguridad, de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales y de otras instituciones que contienen información sobre la vigilancia y seguimiento del movimiento. En 2018 se determinó la apertura pública de documentación relacionada con el 68 dentro del proyecto M68.

Esto es particularmente importante porque la memoria histórica no puede depender exclusivamente de una versión oficial: Necesita documentos…. necesita testimonios….. necesita investigación….. necesita debate… Y necesita reconocer aquello que todavía no ha podido esclarecerse completamente.

Díaz Ordaz, Echeverría y la discusión sobre responsabilidades

La historia del 68 también quedó ligada a las trayectorias posteriores de sus principales protagonistas, Díaz Ordaz permaneció como presidente hasta 1970, Luis Echeverría, quien había sido secretario de Gobernación durante los acontecimientos, se convirtió posteriormente en presidente de México.

Décadas después, las responsabilidades políticas y jurídicas relacionadas con Tlatelolco continuaron siendo objeto de investigaciones, controversias y procesos, el debate no ha sido solamente sobre quién dio una orden determinada, sino sobre cómo funcionaba el sistema de poder, qué información tenían los distintos niveles del gobierno, quién tomó las decisiones operativas y cuál fue la cadena de mando.

Por ello, reducir el 2 de octubre a un solo personaje puede resultar históricamente insuficiente. Tlatelolco fue el resultado de una estructura estatal en la que participaron autoridades civiles, militares, policiales y cuerpos de inteligencia.

Los estudiantes que se convirtieron en protagonistas de la historia

Del otro lado estuvieron los jóvenes: Gilberto Guevara Niebla se convirtió en uno de los principales dirigentes e intelectuales del movimiento; Raúl Álvarez Garín fue otro de los dirigentes más destacados y posteriormente dedicó buena parte de su vida a reconstruir y explicar el significado político del 68; Luis González de Alba dejó uno de los testimonios fundamentales de la experiencia estudiantil y de la prisión posterior a Tlatelolco; Marcelino Perelló participó como vocero del Consejo Nacional de Huelga y posteriormente continuó escribiendo y reflexionando sobre aquella experiencia; Sócrates Amado Campos Lemus, junto con otros representantes del CNH, formó parte de aquella generación de dirigentes estudiantiles.

Pero existe una precisión fundamental: el movimiento no fue obra de cinco o diez dirigentes, miles de estudiantes participaron en las brigadas, asambleas, manifestaciones y actividades de difusión. Los dirigentes fueron visibles; el movimiento fue colectivo.

El legado democrático

Una de las interpretaciones más importantes del 68 es que sus efectos no pueden medirse solamente por sus resultados inmediatos, el movimiento fue reprimido y su organización quedó desarticulada, pero las preguntas que planteó permanecieron.

¿Hasta dónde puede llegar el poder del Estado? ¿Quién vigila a quienes gobiernan?¿Puede existir democracia sin libertad de expresión? ¿Debe el Estado rendir cuentas por el uso de la fuerza? ¿Qué ocurre cuando las instituciones encargadas de proteger a la sociedad se convierten en instrumentos de represión?

Estas preguntas sobrevivieron a 1968.

La propia documentación del INEHRM considera al movimiento estudiantil como un parteaguas de la vida política mexicana y lo relaciona con el proceso posterior de democratización y ampliación de las libertades políticas.

2 de octubre de 2026: la memoria sigue presente

A 58 años de Tlatelolco, México continúa regresando a aquella plaza…. Regresa porque todavía existen preguntas históricas….. Regresa porque hay familias que conservaron fotografías, cartas, testimonios y recuerdos….. Regresa porque las universidades mantienen viva la memoria…. Regresa porque los archivos continúan siendo estudiados….. Y regresa porque una generación que nació décadas después de 1968 sigue pronunciando la misma frase.

“2 de octubre no se olvida.”

No se olvida a los estudiantes….. No se olvida a los heridos….. No se olvida a quienes fueron detenidos….. No se olvida a las familias que buscaron respuestas…. No se olvida el silencio posterior….. Y tampoco debe olvidarse que el movimiento comenzó reclamando libertades y derechos.

Una fecha que pertenece al futuro

Quizá el significado más profundo del 2 de octubre no se encuentre solamente en mirar hacia atrás, se encuentra en preguntarnos qué aprendió México de aquella tragedia.

La memoria tiene sentido cuando permite reconocer los riesgos del autoritarismo, defender las libertades públicas, exigir transparencia y fortalecer instituciones capaces de investigar los abusos del poder. Por eso Tlatelolco no es únicamente una página de la historia:

Es una advertencia…. Es una pregunta abierta….. Es una deuda de esclarecimiento… Y es, sobre todo, una expresión de la memoria colectiva.

“2 de octubre no se olvida” significa que la historia no puede ser borrada por el paso del tiempo.

Porque cuando una sociedad deja de recordar sus tragedias, corre el riesgo de repetir las condiciones que las hicieron posibles.

Y porque en México, desde aquella tarde de 1968, recordar Tlatelolco también significa recordar que la democracia, la libertad y los derechos ciudadanos no son concesiones del poder: son conquistas que una sociedad debe defender y preservar.

Tlatelolco permanece.
1968 permanece.
Y la memoria permanece.

2 de octubre: no se olvida.

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