Celaya, Guanajuato, 10 de octubre de 2026.— La salud mental se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la salud pública en México. La ansiedad, la depresión, las crisis emocionales, las adicciones y las conductas suicidas demandan una respuesta cada vez más amplia de las instituciones, las familias, las escuelas y la sociedad. En este contexto, el Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado cada 10 de octubre, representa una oportunidad para recordar que el bienestar psicológico es tan importante como la salud física y que pedir ayuda profesional debe ser un acto de responsabilidad, no motivo de vergüenza.
La jornada de este año pone el acento en escuchar a quienes han vivido problemas de salud mental, reconocer sus experiencias y transformar sus testimonios en acciones concretas. Bajo el lema “Escuchemos a las personas con experiencia vivida: voces reales, cambio real”, la conmemoración invita a combatir los prejuicios, evitar la discriminación y construir comunidades en las que las personas puedan hablar de sus emociones sin temor a ser juzgadas. Más allá de los discursos y las campañas de sensibilización, el reto consiste en garantizar que la atención psicológica y psiquiátrica sea accesible, oportuna y continua, especialmente para niñas, niños, adolescentes y personas que enfrentan situaciones de violencia, aislamiento, dificultades económicas o consumo problemático de sustancias.

México: una problemática que no puede minimizarse
En México, la atención de la salud mental continúa siendo un asunto prioritario. Las necesidades de atención conviven con obstáculos como el estigma social, las dificultades para reconocer los primeros síntomas, la falta de información y las limitaciones para acceder a servicios especializados.
La dimensión del problema también se refleja en las cifras de suicidio. De acuerdo con los resultados preliminares de las Estadísticas de Defunciones Registradas del INEGI, durante 2025 se contabilizaron 8 mil 709 fallecimientos por suicidio, equivalentes a una tasa nacional de 6.7 por cada 100 mil habitantes, reportó que la tasa fue de 10.9 por cada 100 mil hombres y de 2.6 por cada 100 mil mujeres. Asimismo, la población de entre 15 y 29 años registró una tasa de 10.2 por cada 100 mil personas de ese grupo de edad.
Estas cifras muestran la necesidad de fortalecer la prevención, detectar oportunamente las señales de riesgo y facilitar el acceso a servicios de apoyo. Sin embargo, el suicidio no debe interpretarse como un indicador que explique por sí solo toda la situación de la salud mental: también es necesario atender los trastornos emocionales, las adicciones, la violencia y otros factores que pueden deteriorar la calidad de vida.
El desafío exige una política pública que combine campañas informativas con servicios suficientes, personal capacitado, seguimiento clínico y coordinación entre los sectores de salud, educación y asistencia social. También demanda que las familias aprendan a identificar cambios persistentes en el comportamiento, aislamiento, desesperanza o sufrimiento emocional, sin recurrir a reproches ni minimizar lo que experimenta la persona afectada.

Guanajuato: prevención y atención desde la comunidad
En Guanajuato, la conmemoración adquiere especial relevancia por la necesidad de ampliar la cultura de la prevención y fortalecer los mecanismos de atención para la población. La respuesta requiere coordinación entre la Secretaría de Salud estatal, los municipios, las instituciones educativas, los centros especializados y las organizaciones de la sociedad civil. La atención no debe comenzar únicamente cuando una persona atraviesa una crisis. La detección temprana, la orientación psicológica, el acompañamiento familiar y la prevención de las adicciones son herramientas fundamentales para evitar que los problemas emocionales se agraven.
En este esfuerzo, las escuelas y los espacios comunitarios desempeñan un papel importante. Son lugares donde pueden identificarse señales de alarma, promoverse habilidades para gestionar las emociones y generar entornos seguros para que niñas, niños y jóvenes expresen sus preocupaciones.
Asimismo, resulta indispensable combatir la idea de que acudir con un psicólogo o un psiquiatra significa estar incapacitado para afrontar la vida. Los problemas de salud mental pueden requerir atención profesional, de la misma manera que una enfermedad física necesita valoración y tratamiento médico. El reto para las autoridades guanajuatenses consiste en mantener los programas de prevención durante todo el año, ampliar las posibilidades de atención y asegurar que las personas que solicitan ayuda reciban orientación, tratamiento y seguimiento adecuados.

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