CEMPASÚCHIL: TRADICIÓN, CIENCIA Y PRODUCCIÓN AGRÍCOLA EN EL INVERNADERO DEL INST TEC NAC EN ROQUE

Celaya, Gto., a 22 de octubre de 2026.- El cultivo de la flor de los muertos encuentra en Roque, Celaya, un espacio para vincular el conocimiento agrícola con una de las tradiciones más arraigadas de México.

Con sus intensos tonos amarillos y anaranjados, la flor de cempasúchil vuelve a ocupar un lugar protagónico en los preparativos para el Día de Muertos, una celebración en la que la naturaleza, la memoria y las costumbres populares se entrelazan. En este contexto, el invernadero del Tecnológico Nacional de México, campus Roque, representa un espacio de interés para observar el cultivo de una planta cuyo valor trasciende lo ornamental.

Ubicado en la comunidad de Roque, en el municipio de Celaya, este centro educativo tiene una vocación ligada a la formación profesional y al desarrollo del conocimiento agropecuario. El cultivo de cempasúchil permite acercar la producción de flores a los procesos técnicos que intervienen en la agricultura, desde la germinación de las semillas hasta el crecimiento de las plantas y la obtención de ejemplares aptos para su comercialización o aprovechamiento ornamental.

La flor, conocida científicamente como Tagetes erecta, es originaria de México y se ha adaptado a distintas regiones del país. Su presencia en jardines, mercados, panteones y altares constituye una de las imágenes más representativas de las celebraciones de noviembre.

Un cultivo que requiere cuidado y conocimiento

La producción de cempasúchil demanda atención a diversos factores, entre ellos la calidad de la semilla, la preparación del sustrato, el riego, la disponibilidad de luz solar, la nutrición vegetal y el control de plagas y enfermedades. En un invernadero, las condiciones de cultivo pueden manejarse de manera más controlada que en campo abierto, lo que facilita el seguimiento del desarrollo de las plantas y permite observar cómo responden a los cuidados y a las condiciones ambientales.

El manejo adecuado del agua y de los nutrientes resulta fundamental para favorecer un crecimiento saludable, una estructura firme y una floración apropiada. También es importante vigilar la ventilación, la humedad y la presencia de organismos que puedan afectar el cultivo. Para una institución dedicada a la enseñanza agrícola, este tipo de producción ofrece oportunidades de aprendizaje práctico y de acercamiento a los procedimientos que pueden emplearse en proyectos productivos de pequeña y mediana escala.

No obstante, los resultados de una producción específica —como el número de plantas cultivadas, la superficie destinada al proyecto o el volumen de flores obtenidas— requieren información directa del personal responsable del invernadero para establecer cifras precisas.

Una flor con profundo significado cultural

El cempasúchil ocupa un lugar especial en la cosmovisión y las tradiciones mexicanas relacionadas con la muerte. Su nombre proviene del náhuatl cempōhualxōchitl, expresión asociada con la idea de veinte flores o una flor de veinte pétalos.

Durante las celebraciones del Día de Muertos, sus pétalos se utilizan para adornar altares, tumbas y ofrendas. El color intenso de sus flores y su aroma característico forman parte de los elementos con los que las familias recuerdan a sus seres queridos, de acuerdo con la tradición popular, los pétalos se colocan en caminos y senderos para orientar simbólicamente a las almas hacia las ofrendas preparadas en su honor. Esta práctica forma parte de una celebración que combina elementos indígenas y expresiones culturales desarrolladas a lo largo de la historia de México.

La importancia del cempasúchil también se refleja en la economía estacional. Durante octubre y los primeros días de noviembre aumenta su demanda, junto con la de otras flores y productos utilizados en las ofrendas, lo que abre oportunidades para productores agrícolas, comerciantes y viveristas.

Roque, entre la formación agrícola y las tradiciones mexicanas

La presencia del cempasúchil en un espacio de formación agropecuaria como el Tecnológico Nacional de México, campus Roque, permite relacionar una tradición cultural con los conocimientos necesarios para producir plantas de calidad. Además de su valor ornamental, el cultivo de flores puede contribuir a diversificar las actividades agrícolas y fomentar el interés por técnicas de producción, manejo de recursos y aprovechamiento de espacios destinados a la horticultura.

En una región como el Bajío guanajuatense, donde la actividad agropecuaria tiene una importante presencia, estas experiencias pueden servir como punto de partida para reflexionar sobre las posibilidades de incorporar otros cultivos a las unidades productivas, siempre de acuerdo con las condiciones de suelo, agua, mercado y rentabilidad de cada proyecto. El trabajo desarrollado en los invernaderos educativos adquiere así una dimensión que va más allá de la temporada: permite acercar la ciencia agrícola a las plantas que forman parte de la identidad mexicana.

Una tradición que florece cada noviembre

Con la llegada del Día de Muertos, el cempasúchil vuelve a llenar de color los espacios públicos, los hogares y los panteones. Detrás de cada flor existe un proceso de cultivo que requiere planeación, conocimientos técnicos y cuidados constantes.

En Roque, Celaya, el interés por esta especie ofrece una oportunidad para destacar el vínculo entre educación, agricultura y patrimonio cultural. La flor que acompaña simbólicamente el regreso de los difuntos también recuerda la importancia de preservar las tradiciones y, al mismo tiempo, fortalecer el conocimiento sobre las plantas que forman parte de ellas.

Así, el cempasúchil no solamente anuncia la llegada de una de las celebraciones más emblemáticas de México: también representa el encuentro entre la tierra, el trabajo agrícola y la memoria colectiva.

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